viernes, 23 de junio de 2017

La Lavanda.

LA  LAVANDA



    Querid@s amig@s, voy a hablaros en esta entrada de una rústica y bella planta, con porte arbustivo, de la que tengo un gran ejemplar en mi huerto desde hace muchos años, pero le hago poco caso y la pobre pasa algunas temporadas, sobre todo en verano, que no se como no se marchita, pero ella sigue ahí y me regala lo mejor que tiene, sus bonitas flores de color violeta-azuladas. Esta maravilla es la lavanda (lavándula angustifolia = lavándula officinalis).

Esta planta, del genero de las lavándulas, que consta de 39 especies, y que están distribuidas por la cuenca mediterránea, llegando hasta el sur de la India, aunque en la actualidad están distribuidas y adaptadas por todo el mundo.

El nombre común por el que se conoce a estas plantas son: lavanda, alhucema, espliego, cantueso, lavandín (los híbridos), etc.

Es perenne, semiarbustiva, llegando a sobrepasar el metro de altura, con el tronco de la base leñoso, y verdes los tallos superiores, llenos de hojas alargadas, que dependiendo de la especie serán más o menos largas y anchas, y las flores en forma de espigas con pétalos superiores color violeta-azulados, que nacen sobre un fino y largo tallo.

En su hábitat natural vive en suelos pedregosos y calcáreos, con poco humus, por lo que para tenerlas en nuestro huerto o jardín no tendremos que buscarle la zona más fértil precisamente, pero sí una posición soleada, o por lo menos con bastantes horas de sol. Aguanta bien las bajas temperaturas.

En cuanto al riego, la verdad es que necesita bastante poco, pudiendo aguantar los climas muy cálidos con poco aporte de agua. La zona donde la plantamos no debe nunca quedar encharcada porque es sensible a la asfixia radicular.

Si queremos reproducir esta planta, lo mejor es hacerlo por esquejes, pues las semillas tienen una baja germinación.
Podemos coger esquejes de madera semidura para plantarlos en verano, o de madera dura en invierno. Cortaremos estaquillas de unos 12 a 15 cm., quitando las hojas basales hasta dejar solo las del tercio superior y meteremos en tierra suelta y buena, manteniéndola húmeda.

Los cuidados para esta planta, prácticamente se reducen a quitarles las malas hierbas de su base, pero con precaución al efectuarle escardas para no dañar las raíces superficiales, y la poda, pues cuando la planta se va haciendo vieja crece mucho hacia arriba y tiende a deja las ramas bajas desnudas y a la vista, por lo que cortaremos, después de la floración, unos 10 cm. todas las ramas y tallos.

Las plagas y enfermedades de esta planta son escasas, siempre que cumplamos sus requerimientos básicos de suelo, sol, agua, etc., pero como todas, tiene sus enemigos como coleópteros o polillas, así como enfermedades producidas por hongos en raíces, hojas y tallos bajos, como septoria, rosellinia, etc. 


Para recolectar y secar las flores de lavanda, el mejor momento es cuando comiencen a abrir las flores, pues su aroma es más intenso. Haremos pequeños ramilletes que colgaremos en un lugar ventilado, seco y a la sombra. 

El principal producto que se aprovecha de estas plantas es su aceite esencial, que se extrae por destilación al vapor de su flores, aunque también se pueden realizar infusiones; además se emplea para dar fragancia a jabones, cosméticos y perfumes, y nos puede servir como repelente de insectos.
Para su uso como fármaco (*), el aceite esencial, que tiene la capacidad de reducir el dolor y la inflamación, sobre todo de la piel, es sedante y antiséptica, por lo que sirve para:

* Depresión, nerviosismo, insomnio.
* Trastornos digestivos, como hinchazón abdominal por gases, vómitos, náuseas, malestar estomacal, pérdida de apetito.
* Contra migrañas, dolores de muelas, esguinces, dolor en articulaciones.
* Contra el acné, dermatitis, quemaduras.
* Infecciones leves de garganta y bronquios.

No se deberá utilizar el aceite esencial de lavanda en casos de Crohn, colitis o intestino irritable, epilepsia o Parkinson, hepatitis o cirrosis, además las mujeres durante el embarazo o la lactancia, y en niños.
El aceite esencial en dosis elevadas es tóxico.


Además de los aceites esenciales, podemos preparar una infusión de flores de lavanda, con dos cucharaditas de estas en una taza, agregamos agua hirviendo y tapamos, dejamos reposar 10 a 15 minutos y endulzar si se quiere. Siendo bueno para el estrés y el dolor de cabeza.
Si hacemos esta misma infusión pero con 5 cucharaditas de hojas secas, nos servirá para lavar  y desinfectar heridas leves o ulceraciones, quemaduras, etc.

También se pueden hacer maceraciones, tinturas, vinagres de lavanda, agua de lavanda, agua de baño, lociones, mascarillas, etc.

Otras aplicaciones son quemar sus flores secas para perfumar las habitaciones y asegurar el sueño, -a lo que mi padre era muy aficionado en las tardes de invierno, incluso yo lo realizo aun alguna que otra vez-, y en los braseros de carbón hasta hace unas décadas para dar paz y tranquilidad. Todo esto son reminiscencias de tiempos pasados, donde esta planta estaba muy ligada a ritos mágicos.


Bueno compañer@s, no quiero extenderme más para no aburriros y espero que os sirva esta entrada sobre tan rústica y bonita planta, que nos puede alegrar nuestro huerto o jardín durante más de diez años, sin apenas problemas, además de atraer abejas y otros polinizadores, buenos para nuestros cultivos.


Hasta pronto amig@s.


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(*) Ref. "Lavandula Angustifolia".- Juan Ignacio Canales. CFGM Farmacia y Parafarmacia.

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